Infraestructura sin ética: la verdadera distopía de las carreteras

 

Infraestructura sin ética: la verdadera distopía de las carreteras

Paul Garnica Anguas

En ingeniería solemos hablar de módulos resilientes, ejes equivalentes, fatiga del asfalto o transferencia de carga en losas de concreto. Sin embargo, detrás de cada una de esas decisiones técnicas existe algo menos visible pero igualmente importante: una decisión ética.

La ingeniería de pavimentos es una disciplina particularmente sensible a este tema porque trabaja casi siempre con infraestructura pública, financiada con recursos colectivos y destinada al uso cotidiano de millones de personas.

En otras palabras: cada decisión técnica afecta directamente a la sociedad.

Un pavimento mal diseñado no solo representa una falla técnica.
Representa también una falla ética.





Tres niveles donde aparece la ética en pavimentos

1. Ética en el diseño

El diseño de pavimentos siempre implica supuestos y simplificaciones.

Elegir:

  • un tránsito de diseño optimista

  • un módulo resiliente inflavalorado

  • un periodo de diseño corto

  • o una confiabilidad reducida

puede abaratar un proyecto en papel, pero puede trasladar el costo al futuro.

Cuando una carretera falla prematuramente, alguien termina pagando:

  • el usuario, con menor seguridad

  • el operador, con mayores costos de mantenimiento

  • o el Estado, con recursos adicionales para rehabilitación.

En términos éticos, la pregunta es simple:

¿Estoy diseñando para que la obra dure… o para que pase la revisión del proyecto?


2. Ética en la construcción

Muchos de los problemas de pavimentos no se originan en el diseño sino en la ejecución:

  • compactaciones deficientes

  • granulometrías fuera de especificación

  • asfaltos modificados que no lo son

  • espesores menores a los proyectados.

En ese punto aparece una zona gris muy conocida en obra:

“No pasa nada si dejamos esto así.”

Pero sí pasa.

Cada pequeña desviación acumulada reduce la vida útil de la carretera.

La ética del ingeniero consiste precisamente en no normalizar esas desviaciones.





3. Ética en la gestión de infraestructura

Existe otro nivel más amplio: la gestión de los activos viales.

Muchas redes carreteras operan bajo una lógica de reacción y no de prevención.

Se espera a que el pavimento falle para intervenir, en lugar de aplicar estrategias de preservación oportunas.

Esto tiene consecuencias económicas enormes.

Diversos estudios muestran que un peso invertido en preservación temprana puede evitar entre 4 y 10 pesos en reconstrucción futura.

Por ello, la ética también aparece en las decisiones de gestión:

  • ¿Se prioriza lo técnicamente necesario?

  • ¿o lo políticamente visible?


Cuando la ingeniería pierde su brújula

La falta de ética en infraestructura rara vez aparece como un gran escándalo.
Generalmente se manifiesta en pequeñas concesiones acumuladas:

  • una prueba que no se repite

  • un espesor que no se verifica

  • una especificación que se flexibiliza

  • un informe que se redacta con excesivo optimismo.

Cada una parece menor.

Pero juntas construyen un sistema donde la ingeniería deja de cumplir su función social.


Cinco principios éticos para la ingeniería de pavimentos

A modo de reflexión práctica, estos principios pueden servir como guía.

1. Pensar en el ciclo de vida, no en la obra

El éxito de un pavimento no se mide al inaugurarlo.

Se mide 10, 15 o 20 años después.


2. Defender la evidencia técnica

La presión política, administrativa o comercial siempre existirá.

El deber del ingeniero es defender lo que indican los datos y la experiencia.


3. No normalizar las desviaciones

En obra es fácil acostumbrarse a lo “aceptable”.

La ética profesional implica distinguir entre lo tolerable y lo correcto.


4. Documentar con honestidad

Los informes técnicos deben reflejar lo que realmente ocurrió, no lo que hubiera sido deseable.

La ingeniería depende de información confiable.


5. Recordar quién paga realmente la obra

Detrás de cada carretera hay millones de contribuyentes.

Por eso, cada decisión técnica debe responder a una pregunta fundamental:

¿Estoy usando responsablemente recursos que no son míos?





Reflexión final

La ingeniería de pavimentos suele evaluarse por lo que se ve en el momento de inaugurar la obra: una carpeta lisa, señalamiento nuevo, fotografías oficiales y discursos optimistas.

Pero la verdadera prueba ocurre años después, cuando la carretera comienza a envejecer.

Ahí es donde se revela si el proyecto fue producto de:

  • ingeniería responsable,
    o de

  • decisiones cómodas.

Una carretera que falla prematuramente no es simplemente un problema técnico.
Es la evidencia de que, en algún punto del proceso, alguien decidió no hacer lo correcto.

Tal vez fue un tránsito subestimado.
Tal vez una especificación relajada.
Tal vez un control de calidad que se dio por bueno.

Las distopías en ingeniería rara vez llegan como un colapso espectacular.
Llegan lentamente, en forma de:

  • redes viales que envejecen demasiado rápido

  • presupuestos de mantenimiento que se multiplican

  • usuarios que pierden confianza en la infraestructura.

Y entonces aparece una pregunta incómoda:

¿Estamos construyendo carreteras… o estamos construyendo problemas para el futuro?

La ética profesional consiste justamente en resistir esa deriva.

Porque al final, la ingeniería no se mide por la obra que inauguramos,
sino por la infraestructura que sigue funcionando cuando nadie está mirando.

Y quizá ese sea el verdadero desafío de nuestra profesión:

Construir obras que resistan no solo las cargas del tránsito, sino también las presiones del corto plazo.

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