La mentira de la sostenibilidad en carreteras
La mentira de la sostenibilidad en carreteras
En los últimos años, la sostenibilidad se ha convertido en una palabra obligatoria en cualquier proyecto de infraestructura.
No importa si se trata de una autopista, una carretera rural o un camino urbano:
siempre habrá una diapositiva, un apartado o un discurso donde se afirma que el proyecto es “sustentable”.
Pero hay una realidad que rara vez se dice en voz alta:
La mayoría de las carreteras que hoy llamamos sostenibles, no lo son.
Y no lo son por una razón muy simple:
porque no duran lo suficiente.
El problema no es técnico… es conceptual
Cuando se habla de sostenibilidad en pavimentos, el debate suele centrarse en:
- reducción de emisiones
- uso de materiales reciclados (RAP)
- asfaltos modificados
- tecnologías “verdes”
Todo eso es positivo.
Pero también es insuficiente.
Porque se está atacando el problema desde la periferia, no desde el centro.
La sostenibilidad en carreteras no empieza con los materiales. Empieza con el desempeño.
Una pregunta incómoda
Planteemos una situación simple.
Dos carreteras:
-
Carretera A:
- incorpora 30% de RAP
- tiene menor huella de carbono inicial
- falla en 6 años
-
Carretera B:
- no utiliza RAP
- tiene mayor impacto inicial
- dura 20 años sin fallas estructurales
¿Cuál es más sostenible?
La respuesta técnica —aunque políticamente incorrecta— es clara:
La carretera B.
Porque la sostenibilidad no se mide en el momento de construir,
sino a lo largo de todo el ciclo de vida.
La gran omisión: el ciclo de vida
Una carretera que falla prematuramente obliga a:
- reconstruir capas
- consumir nuevamente materiales
- gastar más energía
- intervenir la vía múltiples veces
- generar mayores costos sociales (tiempo, seguridad, logística)
En términos simples:
Cada falla prematura es un fracaso de sostenibilidad.
Y sin embargo, seguimos diseñando, construyendo y gestionando como si ese problema fuera secundario.
¿Dónde se pierde la sostenibilidad?
La pérdida de sostenibilidad no ocurre en un solo punto.
Ocurre en todo el proceso.
1. En el diseño
- Se utilizan valores promedio sin considerar variabilidad
- Se subestima el tránsito pesado
- Se ignora el efecto del clima
- Se optimiza el costo inicial
Resultado:
estructuras frágiles ante la realidad.
2. En la construcción
- materiales fuera de especificación
- compactaciones deficientes
- espesores menores
- control de calidad “administrativo”
Resultado:
la carretera construida no es la carretera diseñada.
3. En la gestión
- ausencia de conservación preventiva
- intervenciones tardías
- decisiones sin datos
- falta de sistemas de gestión de pavimentos
Resultado:
infraestructura que envejece sin estrategia.
La distorsión más peligrosa
Hay un problema estructural más profundo:
La sostenibilidad no genera visibilidad política.
- La conservación no se inaugura
- El buen diseño no se ve
- El desempeño a largo plazo no da votos
En cambio:
- la reconstrucción sí
- las obras nuevas sí
- las intervenciones visibles sí
Esto genera un sistema donde:
lo técnicamente correcto compite contra lo políticamente conveniente.
La verdadera sostenibilidad (la que no se dice)
Si quitamos el discurso, la sostenibilidad en carreteras se puede resumir en tres ideas simples:
1. Diseñar con incertidumbre
No diseñar para el promedio, sino para la variabilidad:
- módulos resilientes con coeficiente de variación
- tránsito con espectros reales
- confiabilidad explícita
2. Construir exactamente lo diseñado
No “aproximadamente”:
- control de calidad real
- verificación de espesores
- cumplimiento de especificaciones
3. Mantener antes de fallar
No después:
- conservación rutinaria
- intervenciones oportunas
- uso de datos (IRI, deflexiones, deterioro)
Lo que realmente tendríamos que hacer
Si realmente quisiéramos construir carreteras sostenibles, las decisiones serían distintas:
- invertir más en diseño y menos en corrección
- aceptar mayores costos iniciales para reducir costos de ciclo de vida
- priorizar mantenimiento sobre reconstrucción
- medir desempeño, no solo ejecución
- profesionalizar la toma de decisiones
Pero eso implica algo difícil:
cambiar la lógica del sistema, no solo los materiales.
Reflexión final (en tono directo)
Tal vez el mayor problema de la sostenibilidad en carreteras no es la tecnología.
Es la narrativa.
Hemos construido una versión cómoda de la sostenibilidad:
- medible en porcentajes de reciclado
- presentable en informes
- políticamente aceptable
Pero desconectada del desempeño real.
Porque al final, la pregunta no es:
¿Qué tan verde fue la carretera cuando se construyó?
La pregunta es:
¿Sigue funcionando bien cuando nadie la está viendo?
Si la respuesta es no,
entonces no importa cuántos términos “sostenibles” hayamos usado.
No era sostenible.
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