La ingeniería del siglo XXI: menos certezas, más criterio
La ingeniería del siglo XXI: menos certezas, más criterio
Paul Garnica Anguas
Hace algunos años, durante una conferencia, un estudiante me hizo una pregunta aparentemente sencilla:
"Ingeniero, ¿cuál es el mejor método de diseño?"
Durante unos segundos pensé en responder con el nombre de algún método ampliamente reconocido.
Pero después comprendí que la pregunta estaba mal planteada.
Porque el verdadero problema ya no consiste en elegir el mejor método.
El verdadero desafío consiste en tomar buenas decisiones cuando ningún método puede representar completamente la realidad.
Y creo que esa es una de las grandes transformaciones de la ingeniería en el siglo XXI.
Durante décadas buscamos respuestas exactas
Nuestra formación profesional estuvo basada en una premisa muy clara:
Existe una respuesta correcta.
Nos enseñaron a resolver problemas perfectamente definidos.
Si los datos eran correctos y el procedimiento también, todos debíamos llegar al mismo resultado.
Era una excelente forma de aprender.
Pero la práctica profesional nos enseña rápidamente algo diferente.
Los problemas reales casi nunca llegan completamente definidos.
Hoy diseñamos en un mundo mucho más complejo
Hace treinta años era razonable asumir ciertas condiciones relativamente estables.
Hoy el escenario es completamente distinto.
Diseñamos infraestructura considerando:
- cambios climáticos difíciles de predecir;
- tránsito cuyo crecimiento cambia constantemente;
- vehículos cada vez más pesados;
- restricciones presupuestales;
- materiales que evolucionan;
- exigencias ambientales;
- inteligencia artificial;
- nuevas tecnologías;
- expectativas sociales crecientes.
Cada proyecto incorpora cientos de variables.
Muchas de ellas ni siquiera podemos controlarlas.
El ingeniero ya no diseña únicamente estructuras
Diseña bajo incertidumbre.
Cuando proyectamos un pavimento, por ejemplo, asumimos:
- un tránsito futuro;
- determinados módulos resilientes;
- ciertas condiciones climáticas;
- determinados niveles de conservación;
- modelos de deterioro.
Sin embargo, sabemos que ninguno de esos parámetros permanecerá exactamente como fue considerado durante el diseño.
Entonces surge una pregunta incómoda:
¿Qué estamos diseñando realmente?
La respuesta es sorprendente.
No diseñamos para un escenario exacto.
Diseñamos para un rango de escenarios posibles.
La ingeniería ya no consiste en calcular mejor
Consiste en decidir mejor.
Durante muchos años pensamos que disponer de mejores programas de computadora resolvería nuestros problemas.
Y ciertamente hoy calculamos mucho más rápido.
Podemos analizar miles de combinaciones.
Modelar estructuras complejas.
Simular escenarios.
Optimizar diseños.
Pero existe algo que ningún software puede hacer por nosotros.
Tomar decisiones.
Porque decidir implica:
- interpretar resultados;
- entender limitaciones;
- reconocer incertidumbre;
- evaluar consecuencias;
- asumir responsabilidades.
Y eso sigue siendo profundamente humano.
El criterio vuelve a ocupar el lugar central
Durante algún tiempo confundimos conocimiento con capacidad de cálculo.
Hoy comienza a quedar claro que el verdadero valor del ingeniero no está en hacer operaciones matemáticas.
Está en ejercer criterio.
El criterio permite responder preguntas como:
- ¿Estos datos son confiables?
- ¿Este resultado tiene sentido físico?
- ¿Qué variable domina realmente el problema?
- ¿Qué ocurrirá si las condiciones cambian?
- ¿Qué riesgo estoy dispuesto a aceptar?
Ninguna de esas respuestas aparece automáticamente en una pantalla.
La inteligencia artificial cambiará la profesión… pero no su esencia
Mucho se habla de que la inteligencia artificial reemplazará a los ingenieros.
Yo no lo veo así.
La inteligencia artificial podrá:
- generar cálculos;
- consultar normas;
- proponer alternativas;
- automatizar análisis;
- identificar patrones.
Pero seguirá dependiendo de alguien que formule las preguntas correctas.
Porque existe una enorme diferencia entre obtener respuestas y comprender problemas.
Y la ingeniería comienza precisamente ahí.
La nueva competencia profesional
Durante muchos años la ventaja competitiva era saber más.
Hoy eso ya no es suficiente.
La información está disponible para prácticamente todos.
La diferencia la marcarán quienes sean capaces de:
- integrar disciplinas;
- comunicar incertidumbre;
- trabajar con datos incompletos;
- gestionar riesgos;
- liderar equipos;
- tomar decisiones responsables.
La ingeniería se está convirtiendo menos en una profesión de especialistas aislados y más en una profesión de integradores.
La humildad como competencia técnica
Existe otra capacidad que pocas veces enseñamos en las universidades.
La humildad intelectual.
El ingeniero experimentado aprende que:
- ningún modelo es perfecto;
- ninguna norma resuelve todos los casos;
- ningún software elimina la incertidumbre;
- ninguna experiencia garantiza que el siguiente proyecto será igual.
Paradójicamente, mientras más aprende un ingeniero, más consciente se vuelve de todo aquello que aún desconoce.
Y esa conciencia no lo debilita.
Lo hace más prudente.
Y, generalmente, también mejor ingeniero.
La verdadera misión de la ingeniería del siglo XXI
Quizá la mayor transformación sea esta.
La ingeniería ya no puede limitarse a construir infraestructura.
Debe construir confianza.
Confianza en que:
- las carreteras serán seguras;
- los puentes resistirán;
- las presas funcionarán;
- las ciudades serán resilientes;
- los recursos públicos se utilizarán responsablemente.
Esa confianza no nace de la exactitud absoluta.
Nace del buen juicio.
Reflexión final
Durante décadas enseñamos a los ingenieros a encontrar respuestas correctas.
Tal vez el desafío del siglo XXI sea diferente.
Tal vez debamos enseñarles a formular mejores preguntas.
Porque el futuro no pertenecerá a quienes hagan los cálculos más rápidos.
Ni siquiera a quienes conozcan más normas.
Pertenecerá a quienes sean capaces de tomar decisiones responsables en un mundo donde la incertidumbre ya no es la excepción.
Es la nueva normalidad.
Y quizá esa sea la definición más moderna de la ingeniería:
No el arte de eliminar la incertidumbre, sino la capacidad de generar confianza en medio de ella.
Comments
Post a Comment